
De pronto me vi, como una perra de nadie, ladrando, a las puertas del cielo. Me dejó un neceser con agravios, la miel en los labios y escarcha en el pelo. Tenían razón mis amantes en eso de que, antes, la mala era yo, con una excepción: esta vez, yo quería quererlo querer y el no. Así que se fue, me dejó el corazón en los huesos y yo de rodillas.